El movimiento "slow" se traslada a la educación y propone a padres y docentes respetar el ritmo natural de aprendizaje de los niños
El ámbito educativo no ha quedado al margen del movimiento "slow" (despacio). Propuestas como el "slow school", "slow parenting" o "slow education" intentan trasladar a la educación esta filosofía que rechaza el actual modo de vida acelerado. El objetivo es claro: lograr un cambio de actitud de los agentes educativos -padres, docentes y colegios-, para respetar los diferentes ritmos de aprendizaje y mejorar la calidad del tiempo escolar y extraescolar de los niños.
* Autor: Por MARTA VÁZQUEZ-REINA
Empezó hace ya 25 años como una propuesta alternativa a la comida rápida, "slow food" frente a "fast food". Desde entonces, el movimiento denominado "slow", que aboga por ralentizar el ritmo de vida diario y aprender a gestionar bien el tiempo, se ha extendido a otras áreas y ha dado lugar a nueva terminología: "ciudades slow", "slow travel" o "slow home", entre otras. Ahora también esta filosofía de vida se extiende al entorno educativo y propone nuevos modos de abordar la educación tanto en el ámbito escolar como en casa.
Educación acelarada
El ritmo rápido, los objetivos a corto plazo y la presión afectan a los resultados académicos
"Educar más y más deprisa con la finalidad de educar mejor". Así identifica el maestro y pedagogo Juan Domenech las pretensiones de la escuela hoy en día. En su obra 'Elogio de la educación lenta', Domenech, uno de los principales impulsores de esta teoría en nuestro país, describe el panorama educativo actual como un mercado de oferta y demanda donde destacan "una educación acelerada, programas sobrecargados y objetivos pensados para ser alcanzados antes de tiempo".
Las consecuencias no son satisfactorias. Como apunta el autor, el ritmo rápido, los objetivos a corto plazo y la presión, además de afectar a los resultados académicos a medio y largo plazo, provocan "situaciones insostenibles, pérdida de creatividad y estrés en los alumnos y profesorado". Además, esta aceleración no beneficia la igualdad, "ya que los ritmos intensos solo tienen respuesta en una parte del alumnado", matiza Domenech.
La propuesta "slow"
Frente a esta situación, los defensores del movimiento "slow" reivindican una educación más flexible, basada en el sentido común. Recomiendan pasar de considerar la actividad escolar como una carrera de relevos en la que el más rápido es mejor, a un camino firme donde importa aprender bien y asentar los conocimientos con un ritmo apropiado. Como señala Joan Domenech, "las actividades educativas tienen que definir el tiempo para ser realizadas, y no al revés".
Por este motivo, el "slow school" o "slow education" apuesta por métodos de enseñanza más eficaces y estimuladores para los alumnos, que atiendan a sus características particulares y modos de aprendizaje. Una de las ideas es evitar la obsesión por la educación precoz y adelantar contenidos académicos en niños que están en edad de aprender, jugar y desarrollarse en otros aspectos no intelectivos.
Se apuesta por métodos de enseñanza más eficaces y estimuladores para los alumnos.
Carl Honoré, periodista y uno de los principales divulgadores internacionales del movimiento "slow", resalta en su obra 'Bajo presión: rescatar a nuestros hijos de una paternidad frenética', el modelo educativo finlandés. A pesar de que en este país "la escolarización es más tardía, no se mandan deberes y los escolares pasan menos horas en el colegio, sus resultados en las evaluaciones educativas son notorios". El sistema de autoevaluación, la disposición de más tiempo para relajarse, jugar y procesar lo aprendido en el aula son algunas de las claves del éxito en Finlandia.
"Slow parenting": todo empieza en casa
Hoy en día, muchos progenitores planifican el tiempo de sus hijos hasta el último detalle: de nueve a dos al colegio y después, deportes, idiomas o clases particulares, baño, cena y a la cama. Ésta es una apretada agenda condicionada por la presión social, que ha llevado a los padres a creer como premisas obligadas que el niño debe aprender a leer en preescolar, saber inglés antes de terminar Primaria, un segundo idioma en Secundaria y destacar o "ser el mejor" en algún deporte o actividad artística.
Los progenitores planifican el tiempo de sus hijos hasta el último detalle
Honoré critica la cautividad a la que se somete a la infancia y a la juventud con esta excesiva planificación, no exenta de supervisión por parte de los progenitores. Los denomina "padres helicóptero", ya que planean sobre sus hijos de modo que "asfixian su capacidad de decisión, la conexión con su interior y la inmadurez". Este control milimétrico de su tiempo, afirma el periodista, elimina la posibilidad de disfrutar de momentos de "libertad" para jugar, inventar, descubrir, sufrir contratiempos, o aburrirse, "sus vidas se convierten en extrañamente sosas", concluye.
El "slow parenting" reivindica un cambio de la actitud parental. Éstas son algunas de las pistas que Honoré y otros especialistas aportan para conseguir ralentizar el ritmo y permitir que, tanto padres como hijos, disfruten de su evolución de una forma más pausada:
* Apostar por el juego sencillo, básico y desestructurado como herramienta de aprendizaje. Jugar e inventar actividades con un simple trozo de cartón o un cajón de arena, buscar bichos o dibujar es más beneficioso para su desarrollo cerebral que muchos de los juegos actuales más sofisticados o tecnológicos.
* Conseguir despertar en los niños la pasión por aprender, descubrir y sentir curiosidad por las cosas les ayudará más en el futuro que obligarles a adquirir antes de tiempo un exceso de conocimientos.
* Confiar en su capacidad como padres, sin acudir de modo constante a manuales y libros que explican cómo deben educar a sus hijos. Ellos son quienes mejor les conocen.
* Pasar más tiempo con los hijos, tiempo de calidad y sin prisas que proporcione, tanto a los padres como a los niños, la oportunidad de conocerse mejor y aprender unos de otros.
* No intentar llenar los espacios "vacíos" de los niños con actividades planificadas, ser más flexibles y liberarles del estrés al que se someten muchos de ellos. Los hijos tienen que ir a su ritmo, no al de sus padres.
* Respetar la infancia y no intentar que los niños se conviertan en adultos antes de tiempo.
COMENTARIO PERSONAL:
Diariamente, deberíamos de mostrar rechazo hacia el ritmo de vida tan acelerado que llevamos las personas. Siempre estamos sometidos a horarios, trabajos obligatorios, rutina... y bajo mi punto de vista estos aspectos pueden llegar a afectarnos mucho e incluso llegar a desgastarnos y hacernos perder la ilusión por realizar actividades nuevas o no saber aprovechar bien nuestro tiempo libre.
Este ritmo acelerado a afectado a muchos campos de nuestra vida cotidiana, ya sea en mayor o menos medida, pero me detendré a analizar un campo en particular: la educación.
Antes de comenzar con esta tarea debemos tener claro que no por educar más y más deprisa, obtendremos una mejor educación.
Lo primero que debemos hacer es provocar un cambio actitudinal en los agentes educativos y concienciar a padres, alumnos y profesores que no es bueno presionar o exigir un nivel rápido de asimilación de tareas y contenidos, ya que esto, lo único que puede conseguir es que los contenidos que queremos fijar sean o rechazados por el alumno o aprendidos de forma superficial, es decir, que no se produzca un aprendizaje siginificativo de ellos y por tanto que caigan en el olvido será lo primero que suceda tras exponer lo aprendido. además de esto se puede producir una pérdida de la creatividad, que bajo mi punto de vista es uno de los factores más importantes de saber educar y podemos causar estrés en nuestros alumnos.
Bajo mi punto de vista, cada persona tiene un ritmo de asimilar conceptos o ideas, una manera de hacerlo y un tiempo definido para hacerlo. De esta manera un niño será capaz de aprender un folio en una hora sin ningún descanso y otro necesitará para aprenderlo dos horas y hacer descansos cada 30 minutos.
Me parece muy interesante y útil la "Propuesta Slow" que se nos muestra en este artículo y creo que sería el mejor método de enseñanza para todos los niños, porque se adapta de manera individual a cada persona y hace que el alumno progrese a un ritmo constante y hace que los niños despierten sus ganas de adquirir nuevos conocimientos y la investigación de forma individual.
Además no sabía que este modelo de aprendizaje ya tenía lugar en algunos países como Finlandia y me ha servido para aprender más sobre este mundo que nos rodea y del que poco sabemos.
El naturalismo pedagógico ve en la Naturaleza el fin y el método de la enseñanza, lo que nos lleva a que sea la propia Naturaleza quien defina las etapas del educando, es decir, se refiere a lo que este método nos quiere mostrar, que dejemos que el niño aprenda a su ritmo y no le queramos imponer o forzar a que lleve uno más acelerado. También habla de que las acciones naturales satisfacen los intereses que poseemos en cada momento y debemos dejar que las dudas vayan surgiendo ellas solas y que sean curiosidades que el niño pretende descubrir porque le interesan.
Para concluir con este comentario diré que como futuros padres que somos no debemos pensar que cuanto más planifiquemos el tiempo libre de nuestros hijos, mejores padres seremos porque los estaremos ayudando a saber más. Esto es un error, ya que pienso que podemos hacer que los niños se sobrecarguen y estresen con tantos horarios y tareas fijadas a las que tiene que asistir diariamente.
Debemos dejarlos tiempo libre para que su imaginación fluya y que den rienda suelta a su creatividad y ganas de saber más por los intereses que tengan.
http://www.consumer.es/web/es/educacion/extraescolar/2011/03/18/199539.php
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